Desde que el hombre es hombre, trata de dirigir sus pasos hacia un estado o un lugar denominado de manera genérica “La Felicidad”. Esta ha sido protagonista de sonetos, canciones y prosas, pero también de estudios concienzudos para poder llegar a su secreto al menos su formulación que pudiera ayudar al común de los mortales para conseguir el tan ansiado objetivo en la vida, el ser feliz.
Como vemos, ya se ha marcado una diferencia más que meramente lingüística, hemos hablado de la felicidad y de ser felices, o lo que es lo mismo de un objeto o sustantivo a una cualidad o adjetivo. Deberíamos partir de la necesidad de definir lo que es realmente importante, por lo que pasaremos del estar al ser, o lo que es lo mismo de la búsqueda de la felicidad, para aprender a ser felices.
¿Qué es lo primero que nos viene a la memoria cuando mencionamos el ser felices?. Para una amplia mayoría, la imagen de unos niños jugando, lo que por un lado simplifica mucho el concepto, pero al menos tiempo lo complica para el adulto; según se mire. De una manera longitudinal, parece que la experiencia vital hace que la felicidad se aleje.
De esta manera la vida parece un recorrido, un camino, no siempre de rosas, pero ¿a dónde nos lleva?, ¿a la felicidad?. Según esta premisa la felicidad podría se concebida como un camino, pero que pasa cuando se llega ¿se puede ser eternamente feliz?. Es más que probable que todo el Mundo haya tenido algún momento de felicidad. Con lo que podríamos descomponer la vida a secuencia de momentos o lo que sería similar, una suma de momentos, donde se alternaría los momentos felices, los neutros y los infelices. Para los efectos que nos ocupa, obviaremos los neutros, al carecer de un valor real en términos de felicidad, aunque sean los más frecuentes, no afectarán al resultado de la ecuación de la vida.
En resumen, partiremos de la siguiente hipótesis; la vida es una suma de momentos, y que cada momento vendrá acompañado de emociones; o de otra manera más sencilla aún:
Vida= ∑momentos/Emociones.
Con lo que si aceptamos esta premisa, –entendería que no todo el mundo lo hiciera-, podríamos definir la Felicidad como el resultado de restarle a los momentos buenos, los momentos malos:
Felicidad= ∑momentos “buenos”/ ∑momentos “malos”
o dicho de otra manera.
Felicidad= ∑momentos “felices”/ ∑momentos “infelices”
Lo que parecería una ecuación lineal sencilla se complica cuando entramos a valorar los diferentes tipos de momentos posibles agrupados por áreas. Si en la vida, las áreas principales son:
– Personal
– Social
– Familiar
– Laboral
Entonces la ecuación de la felicidad quedaría:
Felicidad= ∑(momentos Personales felices)+ (momentos Sociales felices)+( momentos Familiares felices)+(momentos Laborales felices) / ∑(momentos Personales infelices)+ (momentos Sociales infelices)+( momentos Familiares infelices)+(momentos Laborales infelices)
Aún así esta ecuación no está completa, ya que no para todas las personas el peso relativo de todas las áreas es el mismo, con lo que tendríamos que modular la importancia de cada área y la manera de hacerlo sería con una constante, cuya propuesta sería como sigue:
– a = a la constate de modulación del peso de los eventos del área Personal
– b = a la constate de modulación del peso de los eventos del área Social
– c = a la constate de modulación del peso de los eventos del área Familiar
– d = a la constate de modulación del peso de los eventos del área Laboral
Siendo a,b,c y d constantes que cada sujeto asigna en función de sus prioridades en la vida, de manera que la fórmula de la felicidad quedaría:
Felicidad= ∑a*(∑momentos Personales felices)+ b*(∑momentos Sociales felices)+c*(∑momentos Familiares felices)+d*(∑momentos Laborales felices) / ∑a*(∑momentos Personales infelices)+b*(∑momentos Sociales infelices)+c*(∑ momentos Familiares infelices)+d*(∑ momentos Laborales infelices)
Con esto podríamos tener la fórmula de la Felicidad, diferente para cada uno, pero común en su compresión.


