La tristeza del éxito

Medico Psiquiatra experto en gestión emocional.

file801343155029Una de las primeras cuestiones a resaltar sería el diferenciar entre tristeza, como un sentimiento rigurosamente normal y la depresión, que se trata de una emoción cualitativa y cuantitativamente diferente y  patológica. Y partiendo de esa premisa entender que todo el mundo tiene el “derecho” a sentirse triste a pesar de la apariencia externa.

Son muchos los condicionantes que pueden favorecer una situación de estas características, pero quizás debamos destacar las propias expectativas, de manera que lo que para uno puede ser un logro inalcanzable, para otro podría ser un fracaso sin paliativos. Por otro lado, están los rasgos propios de la personalidad, el alto nivel de autoexigencia, el bajo nivel de tolerancia a la frustración, la necesidad de refuerzos afectivos inmediatos y un sin fin de características que a cada unos nos definen como único e irrepetible y que condicionan nuestra forma de ser y estar en el mundo.

Tener un gran éxito profesional, con las necesidades económicas sobradamente cubiertas no garantizan la felicidad, sino que en muchas ocasiones, derivan en una necesidad creciente de más y más éxito, en una demanda sin fin, de manera que no se llegan a colmar nunca las expectativas propias, creando una situación de inconformismo constante que no permite al sujeto disfrutar de sus logros. Querer ser el mejor tiene sus peajes y este puede ser uno de ellos; nunca se alcanzará la perfección, es esa meta que cuanto más se trata de lograr, más se aleja. Otra característica frecuente, es en la soledad que viven determinadas figuras exitosas a pesar de estar en una multitud. No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita.

Artículo publicado en La Razón. 13 de septiembre de 2012

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